La tierra, a una profundidad determinada y en función de su composición, mantiene una temperatura estable a lo largo del año. Para calentar el agua que utilizamos o bien para tener calefacción o refrigeración, lo que normalmente hacemos es calentar el fluido que utilizamos para lograr mediante una energía externa. Pero durante el año, las temperaturas en nuestro territorio pueden variar desde los 2 grados en invierno hasta el 40 grados en verano, de forma que si queremos mantener una temperatura estable de 22 grados, la diferencia (a calentar o refrigerar) es mucha.

En cambio, con la geotermia, esa diferencia de grados se minimiza, pues la temperatura de la tierra está constantemente entre 14 y 16 grados, de forma que los grados a compensar se reducen a 6-8. Eso, evidentemente, genera un importante ahorro en nuestro gasto de energía externa, ya que el consumo se puede reducir entre un 50 y un 75%.

La geotermia puede proporcionar agua caliente, calefacción y refrigeración; la instalación consiste en unos colectores de energía enterrados, lo que supone una ventaja estético muy importante a la hora de mantener la armonía de un espacio, de ahí que sea una alternativa muy apreciada por los arquitectos. Por lo demás, contribuimos a la reducción de los gases nocivos por la atmósfera.

energia geotermica